domingo, 18 de marzo de 2012

Editorial El Siglo: Las lecciones de dos duros años

Editorial de El Siglo, edición 1602 del 16 de marzo de 2012

Las lecciones de dos duros años

La derecha se encuentra en la mitad del río. Ha avanzado torpemente estos dos años en el gobierno y todavía le resta la misma cantidad de tiempo para alcanzar la ansiada ribera. Pero no ha sido una travesía muy tranquila ni bien preparada, muy por el contrario, todo indica que la improvisación superó a la autoproclamada excelencia de sus cuadros y se impuso la soberbia y la sordera para tratar de manejar el país..

Es probable que algunos votantes desprevenidos y hasta levemente ingenuos hayan pensado que el gobierno de Sebastián Piñera se iba a diferenciar de las tradicionales administraciones de la derecha en nuestro país y en el mundo. A dos años del triunfo de la llamada Alianza por Chile, ha quedado largamente demostrado el craso error.

El puñado de familias más poderosas del país, el empresariado, los grupos económicos y los representantes de las transnacionales han utilizado el poder como saben hacerlo con las corporaciones que dirigen desde presidencias y gerencias, como lo han hecho siempre. La prepotencia, las decisiones adoptadas en círculos cerrados, han caracterizado el tratamiento de complejos problemas de Estado rechazando recurrir al diálogo o a analizar seriamente propuestas concretas para responder a las crecientes demandas de la ciudadanía.

No sólo los estudiantes preparan nuevas movilizaciones; los pobladores de Aysén continúan enfrentando valientemente la represión exigiendo soluciones y también se preparan en Calama, Lota, Arica, Punta Arenas, Cabildo, La Ligua y otros puntos geográficos para hacer presentes sus justas reivindicaciones.

Las voces críticas a la gestión del gobierno no vienen sólo de la oposición, sino de vastos sectores alejados de la política pero víctimas de las desacertadas medidas que van desde la agresión criminal a la ignorancia y desconocimiento de los acuciantes problemas que afligen a la mayoría.

El propio ex presidente de la UDI, senador Jovino Novoa ha reconocido que la derecha ha perdido terreno en el gobierno por "el debilitamiento de nuestra manera de pensar, ocultando nuestras verdaderas intenciones". A confesión de partes, relevo de pruebas.

Los chilenos conocemos su manera de pensar, la sufrimos en carne propia durante los 17 años de dictadura y sabemos de sus voraces intenciones para irrespetar la voluntad popular y la soberanía nacional en pos de las mayores utilidades financieras en detrimento del desarrollo armónico del país y profundizando las desigualdades en beneficio de unos pocos.

Curioso razonamiento el de Novoa, un pinochetista contumaz que quisiera el retorno de prácticas autoritarias al estilo de las que impone reiteradamente Rodrigo Hinzpeter agrediendo brutalmente las manifestaciones sociales y amenazando con aplicar la ley de seguridad del Estado ante cualquier asomo de crítica o descontento.

A dos años de un gobierno –según todas las encuestas-  rechazado sistemáticamente por la mayoría de la población, que llegó a La Moneda por el agotamiento y descrédito de la Concertación, hoy más que nunca se hace necesaria la consolidación de una vasta convergencia opositora que proponga un programa de gobierno diferente a todos los que se sucedieron tras el alejamiento del dictador.

Restarse ahora a un acuerdo político amplio permitiría a la derecha mantenerse por otro período con el control del poder comunal si en las elecciones de octubre no se logra la creación de una nueva mayoría progresista y democrática que recupere los municipios perdidos precisamente por no haberse logrado un acuerdo amplio y generoso como el que exigieron entonces diversos sectores y reiteran ahora con mayor fuerza.

Que nadie se llame a engaño porque ya no existe un "segundo tiempo" para Piñera. La derecha agotó sus afanes y la campaña presidencial ha comenzado con los bríos de Allamand, Longueira, Golborne y otros próceres que pretenden usar la dispersión de fuerzas de centro izquierda como un trampolín para un próximo período. Pero, la gente en las calles, el movimiento social puesto en marcha el 2011, está expectante y no debe permitir que los sectores más reaccionarios se entronicen en el poder e impidan nuestro desarrollo y definitiva emancipación.



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