martes, 13 de marzo de 2012

Hoy, cuando se ha desatado una enorme campaña mediática en contra de Cuba frente a un lamentable episodio y algunos ex amigos de Cuba se acoplan a la misma rasgando vestiduras y haciendo alguna tibia concesión de condena al bloqueo, me permito colocar algunos antecedentes de dicha agresión, que por cierto ha costado la vida muchos cubanos por carencias o impedimentos de acceder a medicinas y tecnologías médicas y otros recursos. El bloqueo no es algo simple, es un crimen alevoso en contra de un pueblo que no se acopló a los dictados del imperio.
50 años de bloqueo, 50 años de heroísmo.
Por Leonardo Fonseca
Los supermercados LIDER eliminaron recientemente de sus estantes el ron cubano al ser vendida la mayoría de las acciones de esa empresa a la trasnacional norteamericana Walmart, sus adquisiciones pasaron a regirse por las leyes norteamericanas y no por las chilenas, a pesar de que los establecimientos Lider se encuentran en Chile. Nada dijo el Gobierno de la Concertación frente a esta flagrante violación de nuestra soberanía.
Durante 50 años EEUU ha aplicado un implacable bloqueo a Cuba, agresión que ha traído enormes costos a su pueblo. Analistas internacionales señalaron que el bloqueo ha costado a Cuba alrededor de 93.000 millones de dólares, otros lo sitúan en 100.000 millones. Sin embargo esto no se puede medir sólo en dinero, puesto que la agresión permanente, dentro de lo cual está el bloqueo, ha sido causa principal de los enormes problemas que ha debido sufrir el pueblo.
En Chile muchos no entienden de este bloqueo, en los hechos podemos viajar a Cuba como turistas, aviones de diferentes países aterrizan en sus aeropuertos, algunos comerciantes chilenos negocian con ese país. Pareciera que el bloqueo no existiera y, sin embargo, el problema es profundo y dramático, atentando en contra de la recepción de tecnología, equipos, medicinas, bienes de consumo y, fundamentalmente, frenando y boicoteando por todos los medios las exportaciones cubanas con el fin de derrumbar la economía impidiendo que puedan adquirir bienes de capital para su desarrollo y de consumo para su pueblo. El bloqueo al ron cubano es sólo una muestra menor pero demostrativa.
Algunas agresiones recientes
Días atrás, la empresa norteamericana Microsoft eliminó a Cuba del acceso a Messenger, sistema de comunicación por Internet. Tampoco Microsoft puede vender sus programas a habitantes ni a las empresas de Cuba.
Ningún artículo de consumo, maquinaria o vehículo que contenga níquel cubano puede ser comercializado en EEUU, sea este producido en Francia o Inglaterra. Ninguna sucursal de empresas norteamericanas puede emplear artículos que contengan alguna partícula de materias primas generadas en la Isla.
¿Qué sucedería si EEUU prohibiera el ingreso de todo artículo que contuviera cobre chileno aunque este fuera producido en China, si se bloqueara el vino y las frutas, o no se pudiera editar ningún libro o periódico en el mundo con papel procedente de Chile?
Ningún norteamericano puede viajar a Cuba so pena de prisión y fortísimas multas; recién se levantó la prohibición para cubanos que viven en EEUU, pero no para los ciudadanos de ese país.
 
En julio del presente año, señaló un artículo del periodista Wilfredo Cancio de El Nuevo Herald de EEUU: "La sucursal estadounidense de Philips, el poderoso conglomerado multinacional de equipos electrónicos, fue penalizada con US$128.750 por la administración de Barack Obama por realizar ventas de equipos médicos a Cuba en violación de las regulaciones del embargo", "La Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) de EEUU, -agregó- reportó una multa de US$35.211 a Liberty International Holdings, con sede en Boston, alegando que una subsidiaria extranjera de dicha firma estadounidense participó como aseguradora de un negocio ligado al gobierno cubano entre marzo del 2003 y abril del 2005." "En mayo, -concluye Cancio- la OFAC anunció una penalidad de US$110.000 contra la compañía Varel Holdings por realizar varias exportaciones de tecnología hacia la isla, en un evidente reforzamiento del embargo contra la emergente industria petrolera de Cuba."
1961: comienza el bloqueo
Más allá del problema personal que viví en enero de 1963 recorriendo La Habana en busca de una lata de leche especial de la Nestle norteamericana para mi hijo recién nacido, la cual no hubo nunca más, el bloqueo se mostraba extremadamente complejo en los ámbitos productivos.
Por ejemplo, de un día para otro Cuba debió usar unidades de medida diferentes a las que empleaba regularmente. En vez de pulgadas, piés, yardas, millas, acres, etc.,debió emplear metros, centímetro, kilómetros o hectáreas, es decir, pasar desde el sistema de medidas de uso en EEUU al sistema métrico decimal de Europa. Para muchos esto sería asimilable pero difícil para la mayoría de la población y el nivel de sus trabajadores en esa época.
Ello porque el bloqueo significó un cambio rápido y violento de proveedores; desde EEUU que estaba a 140 kilómetros de distancia a la URSS situada a más de 15 mil kilómetros. Del abastecimiento normal al solicitar por teléfono a Miami que enviaran determinados productos en el Ferry que salía diariamente hacia La Habana, a pasar al abastecimiento planificado cuya negociación y compra se realizaba anualmente, es decir, había que prever en septiembre de un año los artículos que se emplearían a partir de marzo del año siguiente.
Como se comprenderá, esta situación afectó mucho a la población al no recibir una infinidad de artículos de uso directo en el hogar que se importaban terminados y que los países socialistas no los tenían o comenzaron a suministrar después de algunos años. Pero lo más sensible era el suministro para la pequeña industria cubana cuyas materias primas eran muy variadas y en pequeñas cantidades.
Pasar de yardas a metros o libras a kilos era un problema menor. Otro, en las materias primas, fue el cambio de normas de los artículos. Por ejemplo en acero, pasar de las normas ASTM norteamericanas a las GOST soviéticas o las DIN europeas. Antes se pedía, de un día para otro: "una barra de acero de 2 yardas de largo, de una y media pulgada, pulida y de tal grado", a una barraca de acero de Miami y ahora hubo que contratar, una vez al año, una barra similar cuya cantidad mínima el proveedor exigía comprar 62 toneladas (norma vagón se llamaba) y que llegaría entre el primer y cuarto trimestre del año siguiente, además en medidas del sistema métrico. Ello exigía enormes reservas, compras en exceso, con costos elevadísimos. Las pérdidas fueron cuantiosas.
El problema de las piezas de repuesto fue crítico. La maquinaria era principalmente de origen norteamericano. No habían repuestos para locomotoras, para los buses, para las grúas del puerto, para las refinerías de petróleo o para las turbinas que generan la electricidad. El bloqueo en este sentido fue brutal el país se iba paralizando. Cuando se pudo se importaron piezas norteamericanas a piratas que operaban desde terceros países a costos del triple o cuádruple, lo cual no fue posible sostener en el tiempo. Los equipos soviéticos, por otra parte, debían adaptarse a las condiciones cubanas: la trocha de los rieles para las locomotoras, las exigencias de refrigeración de los vehículos en un clima tropical, los plazos de entrega, etc. No hubo repuestos para los automóviles y camiones casi todos norteamericanos.
La ayuda de la Unión Soviética
Sin embargo, es real que sin la ayuda de la Unión Soviética hubiera sido muy difícil subsistir en los primeros años, dicho país suministró los productos básicos para que funcionara la economía. Cuando cortaron el petróleo, llegaron los barcos con el crudo desde la URSS para las refinerías. Cuando las refinerías norteamericanas se negaron a procesar el petróleo Cuba las nacionalizó. El trigo que antes se traía de puertos del otro lado del Golfo de México, debió viajar miles de kilómetros. Cuando sabotearon la compra de armas en Europa Occidental (hicieron volar en el puerto de La Habana un barco cargado de ellas que vino de Bélgica) llegó abundante cantidad desde la Unión Soviética. Ingresaron materias primas, alimentos, vehículos, etc. Pero fue difícil reemplazar el comercio natural, enormemente variado, más fluido, proveniente desde EEUU a sólo 90 millas.
La agresión militar
El complemento era la agresión militar, pan de todos los días. "Mira, decía una visita chilena mirando desde el balcón de nuestro departamento, están lanzando fuegos artificiales" No, le respondíamos, son las antiaéreas y esas luces que suben –tan bonitas- son las balas trazadoras, están haciendo techo a La Habana por que algún avión está tratando de violar el espacio aéreo de la ciudad. Era lo normal. Recordemos sólo la invasión de Playa Girón o la amenaza de bombardeo nuclear en octubre de 1962.
El bloqueo estaba complementado con la agresión militar y el sabotaje directo. Durante años la CIA sostuvo grupos armados en las montañas del centro de Cuba, los barcos de guerra de EEUU estaban a la vista de todos en La Habana, no sólo durante la crisis de los cohetes sino por años. Regularmente se quemaban los cañaverales o se introducían pestes a la ganadería porcina y aviar. Lanchas piratas disparaban en contra de los hoteles de turismo, introducían saboteadores o comandos que realizaban los continuos sabotajes a la economía o buscaban asesinar a los dirigentes.
Había que destruir la espina cubana atravesada en la garganta del imperio para volver a los tiempos felices del dominio sin contrapeso en el patio trasero. Sin embargo hasta el momento no han podido, por el contrario, el ejemplo que irradió, su resistencia heroica y la solidaridad sin condiciones que ha entregado a los países del tercer mundo en todos los continentes, ha ayudado o estimulado a los procesos de independencia que hoy se observan en Latinoamérica. Sin el ejemplo de Cuba resistiendo y demostrando que sí se puede, habría sido difícil una irreverente y solidaria Venezuela de Chávez o una Bolivia rebelde o un Ecuador cambiando las reglas del juego de su ancestral oligarquía o un Brasil y Argentina con políticas independientes. Otro habría sido el destino del continente.
Por ello hoy, frente a la campaña mediática, no hay que perder las brújula.

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